21.7.09

deambulando a través de un paisaje



Lo encontré mientras caminábamos, apoyado a uno de los contenedores de basura ubicados cerca de casa. Llevaba un tiempo esperando este encuentro, y como es usual, la cosas que me hacen feliz llegan en el momento adecuado; el menos esperado. Amor a primera vista.

Más lo contemplo, más me gusta. Una pieza al más puro estilo Bob Ross y del cual soy la más fan. Es la pintura de un paisaje y debo decir que, reconozco destreza. Nunca fui una alumna destacada. Las clases de pintura no eran lo mío pero hacía el intento. Antes de entrar a la universidad tomaba clases de pintura con Camila, una amiga de mi padre. Yo era con diferencia la más joven, rodeada de señoras de buen vivir, pasaba algunas tardes a la semana después del colegio, pintando bodegones y paisajes. Años después, me dediqué a pintar paisajes de jardines para conseguir dinero. Apoyada esta vez por mi madre, logramos ubicar varios en las casas de sus amigas. Con la ingenuidad típica de la edad, yo no estaba muy de acuerdo con la idea de pintar por encargo, pero por suerte ya lo he superado. Siempre paisaje, nunca figura humana, no tengo ningún tipo de empatía con el temita pictórico de “la carne”. Y si de pintura y paisaje se trata, "El Columpio" de Jean-Honoré Fragonard, es uno de mis cuadros favoritos. En mi taller del barrio Bellavista pasé horas pintando una copia solo por mi obsesión por aprender a pintar árboles, por utilizar el pincel ultra fino, por los detalles y por trabajar pegada a un pequeño bastidor. El cuadro que encontré el domingo pasado, es el hermano pobre de "El Columpio", pero igualmente, lo trae a mi memoria. La riqueza del color, los diferentes planos de visión, la luz y sombra y los fabulosos detalles de la composición, hacen de Fragonard uno de mis pintores fetiches. Al otro, no puedo nombrarlo, no posee firma, no hay autor, y lo agradezco ya que detesto la “marca” sobre la imagen, tanto, como las etiquetas visibles en la ropa. Diré también que Jean-Honoré Fragonard, al igual que Warhol, la lectura oficial lo indica como pintor frívolo, lectura evidente si hablamos del estilo Rococó. Pero Fragonard rompe con la pintura institucional para introducirse en un mundo más íntimo: la melancolía, el interés por la vida cotidiana, la anécdota trivial, el humor, el erotismo. Fragonard lo hace mejor que nadie, de manera elegante y minuciosa aborda el reflejo pictórico de una sociedad frivolizada. Estamos hablando del siglo XVIII, pero sin hacer muchos esfuerzos, veremos que estos conceptos están hoy, más vigentes que nunca. A raíz de un nuevo proyecto, hemos pasado días conversando acerca de la noción de deambular, de nuestro interés por prestar atención a todo aquello que encuentras en ese tránsito. Trabajar con lo cotidiano, pero también con el error, con la torpeza, y con el encuentro fortuito. Hemos hablado de lo íntimo, lo cotidiano, lo privado. Y hablamos del humor, de reír de todo, pero principalmente de reírnos de nosotros mismos.

Deambulando encontré una pintura sin autor, deambulando recordé a Fragonard. Una nueva pieza en mi colección. Una nueva coincidencia. Un nuevo encuentro. Un nuevo detalle. Y un nuevo domingo cualquiera.

1 comentario:

paula dijo...

no te veo pero te leo, me voy el martes. te busco a mi vuelta, a ti y a tus maravillosos bocados escritos.
p