14.5.09

escribir o morir.

Ayer ha muerto el autor de la canción que siempre he querido que suene en mi funeral. Ayer mi tobillo estaba hecho mierda, pero lo que realmente me dolía, no era físico.

Hace unos años tuve la oportunidad de estudiar con uno de los personajes que mas relevancia han tenido en mi manera de pensar la práctica artística. Hablaba más rápido de lo que pensaba, a mil por hora, sin comas ni puntos aparte, pero con total claridad. A Manel le irritaba cualquier tipo de apreciación hacia el arte que tuviera relación con la denominada “experiencia estética”.

Me esforzaba en intentar comprenderlo, sonaba todo tan complejo por lo nuevo que era para mí, pero al escucharlo histérico vomitando sus radicales sentencias en contra de los parámetros convencionales para hacer y entender el arte, percibía que él sabía muy bien de lo que hablaba. Me ha llevado mucho tiempo entender el completo significado de lo que Manel pensaba, pero con el tiempo, todo ha cobrado sentido. Pasional como pocos, su postura frente al arte, dejaba radicalmente ver también, su postura frente a la vida. Cuando hablaba de la práctica artística hablaba de compromiso, hablaba de accionar, de intervenir, de cuestionar, de exigir y de exigirse. Sin mimos, sin superficialidades, sin facilismos, y sin caramelos. El arte entendido como el lugar desde donde -primero y para empezar-, posicionarse como individuo frente al mundo, antes que artista.

Aprendí de él la importancia del lenguaje, la fuerza del discurso y la responsabilidad del artista. El arte no debe ser complaciente, el arte es una herramienta de trabajo que debe proponer universos paralelos de pensamiento y de acción. ¿Por qué esa imagen y no otra? ¿Por qué ese texto? ¿Por qué ese sonido?. Cuando se produce una imagen se genera un discurso. La responsabilidad del artista radica en generarlo pero también en las “maneras” en que logra hacerse cargo de él. La imagen producida, refleja el Yo de quien la presenta, de manera que, en éste camino nada puede ser inocente y utilizar el lenguaje jamás lo será. Sin lenguaje y sin discurso el arte para mí no tiene sentido. El placer detrás de la experiencia estética me da igual, para eso mejor, me compro la Vogue.

Recuerdo a Manel porque busco desesperadamente sentido. Recuerdo a Manel porque ha muerto Antonio Vega, el autor de aquella canción. Ambos compartían algo que acá no nombraré. Recuerdo a Manel por hacerme cargo y responsable de mi propio discurso. Recuerdo a Manel porque en esa época ya estaba muy enfermo y nunca más he vuelto a saber de él. Lo recuerdo hoy, porque pienso en mi escritura y pienso en mi vida.

1 comentario:

paula dijo...

barbara eres barbara, me encanto este texto y mas tus dibujos. gracias por compartirlo, sigue creando que esta fuente vital no pare de brotar de ti.